sábado, 30 de noviembre de 2013

El salmo 23 en el mundo laboral (4/7).


El salmo 23, versículo 3. Restaurará mi alma.

Nuestra alma (la psique) comprende nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Tener tiempo a solas con Dios y llegar a conocer sus caminos, aportará un equilibrio restaurado entre estas tres facultades. Pensaremos con más claridad, nuestros sentimientos serán más intensos y seremos más decididos. Cada uno de estos tres influenciará uno al otro según interactúe el Espíritu de Dios con mi espíritu para influenciar ambos mi alma; pensamientos, sentimientos y voluntad. Mis emociones no prevalecerán y conducirme a tomar decisiones impulsivas, mi pensamiento racional no impedirá que me pierda las necesidades emocionales o sobrenaturales de otros, y mi voluntad decidirá teniendo en cuenta la racionalidad y el sentimiento.

Traducido de Peter Briscoe's Space.


Un pastor conforta a sus ovejas.


Sólo los que conocen íntimamente a las ovejas y sus hábitos entienden lo que es una oveja "abatida". La oveja abatida es la que cae de espaldas y no puede levantarse ya por sus propios medios.

Es sumamente triste ver una oveja"abatida". Acostada de espaldas, con las patas al aire, se despelleja frenéticamente en su infructuosa lucha por ponerse de pie. A veces bala un poco pidiendo auxilio, pero generalmente se queda acostada pataleando con temor y frustración.

Si el dueño no llega en un tiempo razonablemente corto, la oveja muere. Esta es una razón más por la que es esencial que un ovejero cuidadoso atienda a su rebaño todos los días, que cuente las ovejas para asegurarse de que todas pueden mantenerse de pie. Si faltan una o dos, con frecuencia lo primero que piensa es: "una de mis ovejas está abatida en alguna parte. Debo ir a buscarla y pararla otra vez.

El que anda fijándose bien en las ovejas abatidas no es sólo el pastor, sino también los animales de presa. Los halcones, buitres, perros, coyotes y pumas saben bien que una oveja abatida es presa fácil.

El que el abatimiento deje a la oveja indefensa, propensa a morir y vulnerable al ataque se convierte en un problema serio para el dueño.

Nada parece provocar tanto su constante cuidado y diligente atención al rebaño como el hecho de que incluso la oveja más grande, más gorda, más fuerte y a veces más sana puede caer abatida y morir. Y a menudo son las ovejas gordas las que se abaten más fácilmente.

Sucede así: una oveja pesada, gorda o lanuda se echa cómodamente en alguna pequeña hondura o depresión del suelo. Se vuelve un poco de lado para estirarse o descansar. De pronto el centro de gravedad de su cuerpo cambia de manera que queda tan de espaldas que sus pies no tocan ya la tierra. Si siente pánico empieza a patalear desesperada. Esto suele empeorar la situación. Se vira más todavía. Ya le es prácticamente imposible ponerse de pie.

Mientras yace ahí luchando, empiezan a formarse gases en la panza. Estos, al expandirse, tienden a retardar e impedir la circulación de la sangre hacia los extremos del cuerpo, especialmente las patas. Si el tiempo está muy caliente y soleado, una oveja abatida puede morir en cuestión de horas. Si está fresco, nublado y lluvioso puede sobrevivir varios días en esa posición.

Tan pronto como llegaba junto a la oveja abatida, mi primer impulso era alzarla. Con ternura le hacía dar vuelta sobre su costado. Esto hacía disminuir la presión de los gases en la panza. Si había estado en esa posición demasiado rato, tenía que ponerla sobre sus patas. Luego, poniéndome como montado a horcajadas, la mantenía erguida, y le frotaba las extremidades para restaurar la circulación en las patas. Esto solía llevarse su rato. Cuando la oveja empezaba a caminar otra vez, a menudo tropezaba, se tambaleaba y caía una vez más.

Mientras ayudaba a la oveja abatida le hablaba dulcemente: "¿cuándo vas a aprender a mantenerte de pie?". "Por dicha que te encontré a tiempo, ¡bandida!".

Y así continuaba la conversación, siempre expresada en palabras que combinaban la ternura y el regaño, la compasión y la corrección.

Poco a poco la oveja recobraba su equilibrio. Empezaba a andar con constancia y seguridad. Poco a poco se alejaba para unirse a las otras, liberada ya de sus temores y frustraciones, con una nueva oportunidad de vivir un poco más.

Todo este ceremonial aflora a mi mente "cuando repito esa sencilla afirmación: "confortará mi alma".

Hay algo sumamente cariñoso, pero a la vez sumamente cargado de peligro en ese cuadro. Por una parte está la oveja indefensa, absolutamente inmovilizada aunque sea fuerte, sana y próspera; mientras que por otra parte está el atento dueño, presto y listo a acudir al rescate, siempre paciente, tierno y auxiliador.


Por Phillip Keller, "La vida en el redil". Un pastor de ovejas nos ofrece una exquisita "visión pastoril del conocido, amado y con frecuencia mal comprendido Salmo 23". Algunos párrafos tomados del capítulo 5. Puede ser descargado en pdf pinchando aquí.



Conclusión.


Después de esta lectura, está por demás la aplicación al mundo laboral. Trampas, engaños, plazos imposibles, tensión, ... y uno se siente impotente. Los que hemos creído en la salvación que ha traído Jesucristo disfrutamos de la protección de este pastor. También el Antiguo Testamento describe a Dios como pastor.



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