Hay un mal muy común entre los trabajadores. El deseo de una mejor posición, la aspiración de un sueldo mayor, la esperanza de un ascenso, … que nunca llega.
Por pereza.
Por desidia.
Por indolencia.
¡¡¡
Y muchos que lean
estas palabras asentirán. Si no hay esfuerzo, no hay avance ni progreso ni
mejora.
El coste
del logro.
Encontramos a dos tipos de persona. Una quiere mejorar, se esfuerza y llega a la meta. Otra quiere mejorar, evalúa el coste y opta por no avanzar. La primera obtiene la satisfacción. La segunda, puede estar cómoda en su posición, o puede seguir anhelando ese progreso para el cual no quiere pagar el precio.
Vemos esto entre
nuestros compañeros de trabajo. El sacrificio necesario incluye:
- Dedicación de tiempo. Es necesario apartar tiempo de otras cosas (tareas, atribuciones, proyectos) para dedicarlo a ese nuevo objetivo.
- Dedicación de la propia persona. La mente y la vista puestas en esa meta. Exige disciplina para no desviar la atención hacia otra actividad que al pronto pueda parecer más codiciable.

- Dedicación de artes sociales. Va a ser necesario convencer a otras personas. Habrá tensiones, quizá malentendidos, otros puntos de vista que consensuar.
- Dedicación de activos. Algunas herramientas utilizadas para alguna otra tarea necesaria habrán de ser reasignadas. Y es posible que tampoco sean las más idóneas.
- Una nueva organización. Ese objetivo va a requerir un cambio en las funciones de las personas implicadas y sus relaciones.
- Una nueva distribución. El taller, las oficinas, la maquinaria y otros elementos deberán ser redistribuidos.
- Un cambio en el proceso. Cambiar la forma de hacer las cosas.
- Algunos de estos cambios no van a ser agradables.
El progreso siempre requiere esfuerzo.
El perezoso no está
dispuesto a pagar el precio. Pero su deseo va a estar ahí y lo irá corroyendo. Y
afloran las envidias, el egoísmo, incluso trampas a otros compañeros.
El
contraste.
“Claro, es que tú
tienes más tiempo libre que yo”.
“Vaya casa que
tiene”.
“Es un tonto, disfruta con su trabajo”.
“Vaya chollo, no pasa
calor en verano ni frío en invierno”.
“Qué suerte le ha
caído. Sale a tal hora, y yo tengo que …”.
Y el
que que trabaja duro responde

“Me estoy privando de cosas para conseguirlo”.
¿Qué dice la Biblia?.
Proverbios 21: 25.
La Biblia, traducción Reina-Valera 1960.
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El deseo del perezoso lo mata, porque sus manos no quieren trabajar. Hay quien todo el día codicia; pero el justa da, y no detiene su mano. |
El comentario Matthew
Henry lo explica así:
Aquí se hace evidente
la miseria del vago; sus manos rehusan trabajar en un oficio honesto, con el
cual podrían conseguir un sustento honesto; pero sus corazones no cesan de
codiciar riquezas, placeres, y honores, que no se consiguen sin esfuerzo. Pero
el honrado e industrioso consigue que sus deseos sean satisfechos.